…Ya me parecía extraño no haber tomado el computador -fiel compañero- para contarle nuevamente una de mis andanzas por diferentes lugares y gentes y ¡claro!, mis dedos corrían y languidecían por estar nuevamente con sus amigas las letras y contarles todo lo que ha sucedido en estas pocas horas de vidas en Roma, ciertamente muchas cosas llamaron la atención y es que, fuera de la belleza impresionante del cielo, el color imponente con que dora el sol las paredes de los marrones edificios de la ciudad que otrora diera inicio al acaso, “principio de nuestra cultura” y el calor del infierno que hacía; nada lo hizo con tanta vehemencia como lo diferente que está todo… la última vez que vine, habían liras y no euros y es que desde mi querida América la unificación “politico-económica” de su hermana mayor Europa, no suena más que a un viejo tango que podría perfectamente sonar en la vitrola de casa de doña Lucila; recuerdo la importancia que daban los políticos el día que esto sucedió, los titulares en los diarios y la gran noticia que acababa de suceder y para los que vivían en el “culo del mundo” (Alejandro “coco” Legrand)… Maní!
Ciertamente nada hay que envidiarle a nuestro exitoso sistema de seguridad en lo que a falsificación de billetes se refiere, ja! Pero qué será de aquello cuando nuestra America sea una? ¿Se unirá nuestra América? ¿Qué significa que se una? ¿Hay unión realmente?...
Años atrás cuando estuve en Roma sólo pensé en otras cosas, los ojos eran distintos, por suerte puedo mirar desde estos años un ángulo diferente de las cosas…
Es como el chiste que dice que Jesús, estando en la cruz llama insistentemente a pedro… y este después de dudar mucho se acerca y le dice:
-si maestro, !decidme!-
-Pedro… desde aquí se ve tu casa-…
Claramente desde aquí se ve América tan lejos y tan clara como una gota de agua…¡claro!
Luego de mi primer día en Roma después de haber caminado desde las 8:00 A.m. por cuanto lugar se me atravesó para conocer la ciudad y sistematizarme con tanta maquinita (que antes no usé porque había auto) que para los cigarros, el periódico, el ticket del metro, el ticket del tren, el ticket del autobús, preservativos, chocolates, revistas, baterías y todo cuanto hay menos felicidad y amor (¡transantiago! De aquí se ve tu casa!) regresé a mi casa con las piernas un poco molidas y con muchas cosas en la cabeza… y en mi bolso el nuevo repertorio que acababan de darme y el cual moría por escucharlo aunque sea en el piano de la casa de Alessandro, mi amigo dueño de la “Pensione Miramare ***, dove un amico e sempre Benvenuto” preparé un café…¡cómo extrañaba ese café! – cortito y bien amargo- nada de rodeos que si el capuccino, que el amaretto, que la crema ni nada… sólo el café; y me senté al piano a leer, que hermoso todo muy lindo y muy cantable, gracias al cielo!…pero:
¿dónde estaban estas partituras ah? --una vez pregunté a un chico que me gustaba: ¿dónde estabas todo este tiempo?... escondiéndome de ti, respondió tras dudar un poco…(me sentí importante, pues que alguien lleve tanto tiempo escondiéndose de mi sin yo saberlo...¡pf!—y luego me fui a mi cuarto a descansar, estaba molido y con la cabeza en otro sitio, donde iba a ser sino en América.
Cuando ya había terminado tratando siquiera imaginar en como sonaría eso con los instrumentos de la época me fui al baño, me cepillé los dientes y me fui al cuarto me quité la ropa y ¡ahí estaban! El puñado de euros que tenía en el bolsillo apilados todos parecían una manada de fichitas incontrolables dentro de la billetera que explotaba de impotencia e indignación, los saqué los separé y entonces comencé a leer y a ver las imágenes selladas en las monedas, tenían diversas figuras representativas de toda Europa, bueno no todas…sería imposible creo, más que “figuras representativas” conceptos que aludían de cierta forma lo que podía considerarse como un aporte a la humanidad inmediatamente se me vino a la mente la forma en que pudo darse la selección y elección de lo que iría en cada moneda y que valor asignarle a cada concepto, imaginé por cierto el día en que esto se dio y las discusiones en diversos idiomas, cada uno resaltando lo mejor para sus intereses, discusiones apasionadas otras no tanto… miles de años de historia en una torre de babel mucho mas alta -seguro- que la torre ENTEL de la que los santiaguinos tanto se jactan.
De la discusión, rápidamente al fondo del asunto ¿hay unión si hay nación?¿que es entonces una nación?¿ius soli o ius sanguinis?¿importa de donde venimos o quienes somos? Tal vez, como siempre, la respuesta no la encuentre aquí en esta hoja en blanco, pero al menos me ayudará a acercarme y esperar que brote; pero es preciso extenderme.
Ciertamente al pretender unirse a alguien o algo, es necesario ceder algunos intereses comunes, y más que eso, desnudarse, quitarse las banderas; no se si realmente es posible y si realmente tiene interés o no abanderarse por una nación en especial, lo que no es igual a sentir cariño por los orígenes de uno, respetar y ser el fruto de una cultura determinada esto es inherente, pero ¿nacionalismo? Con qué fin, detesto cuando los chilenos cantan “vaaaaaaaamos, vamos chileeeeeeenos …(agréguese lo que entre, métricamente hablando –o no-, dependiendo de la ocasión: teletón, partido de futbol, día de las madres, desastre natural, campaña del hogar de cristo, protestas varias.) y, sin mirar la paja en el ojo ajeno, cuando en Bolivia cantan “viva mi patria Bolivia” en el estadio a coro “re-mixto” a 20.000 voces (ma non tanto) y la nacionalidad, entonces ¿qué cosa es?¿ Lo que somos o lo que nos dijeron que fuéramos? en tal caso ¿vale la pena ser quien no queremos? Sin querer hilar tan fino, esquivando el punto de partida, cobra valor en mi mente el significado del ius soli y el ius sanguini y la “perversa” (¿?) forma en que hemos sido criados pues antes que americanos somos bolivianos, chilenos, venezolanos, ecuatorianos, colombianos, paraguayos, uruguayos, en fin… ah! Argentinos… norte…a…meri…canos?… mexicanos, ect. Pero, ¿dónde voy?, ah! Al grano… deberíamos tener el sistema de ius sanguinis… y claro! ¿Por qué no?... uno es quién es, por la sangre que tiene en las venas no por el trozo de tierra en que le tocó nacer o vivir, la “sangre” lo tiene todo, nuestra historia, nuestro pasado, porvenir, idioma, costumbres, comidas, bailes, músicas, y toda la información necesaria para saber claramente que ¡somos americanos! Y que movemos las caderas con sal y pimienta y que hablamos con llajua y quilquiña* o que cantamos con ron y café…
Mmmmm…qué necesidad tan fuerte tienen los dueños del boliche de tenernos aferrados a un sistema tan particularista y fluvial, que finalmente acaba en la unión de los “amigos” frente al “peligro” -y claro aquí en Europa soy Kelman, que además es latino, que además es cantante y que además vive en chile, ¿queda claro?, digo: No basta con tener el cabello negro brillante, piel canela, ojos de almendra, prosodia cantabile (otro canto, por cierto), piernas gruesas, brazos firmes, narices únicas, bañarnos todos los días, reírnos de otras cosas. ¿No basta con dejar de querer ser lo que queda de América?...ah! claro eso debe ser… lo que en derecho constitucional se llama nacionalidad…donde había que “distinguir”; como suelen hacer algunos abogados para evadir cualquier responsabilidad y no mostrar fácilmente su cara de raja ante la evidente inconsecuencia que declaran; entre el concepto a, b, o c… había uno de ellos que hablaba justamente de la nación (alidad) como el grupo de personas unidos por una historia, idioma, costumbres, rasgos, comunes, sin duda una de las formas más románticas de caer en el sistema acojinándose en plumas rosas y pasteles de maracuyá…
Tanta importancia se le da y creo que estos añosos hermanos del otro lado del mundo encontraron la “picá” qué podría reflejarse en una sola frase: “da lo mismo!” y como acuñaría una vieja amiga… “total…igual nos cagan!” mucho enredo esto y es que quizás el objetivo no era desentramar ninguna madeja, sólo es lograr tomarla entre las manos y saber qué se siente ser americano cuando tienes conciencia de ello.
Al final, en Chile al menos, todos intentan ser europeos y juran tener lo último en tecnología sin saber que al culo del mundo llega lo más rasca que hay allá pues la globalización tiene sus “tururúru” y sin saber tampoco que en Europa da lo mismo el celular que tengas o la ropa que traigas (o el olor, uf!)… estar ahí y liberarse de tanta estupidez es sano vivirlo al menos una vez en la vida… y eso que Habían evangélicos… pero no influían tanto…
Por: Kelman Alejandro Flores Torres
